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viernes, 21 de diciembre de 2012

Un revelador libro ferroviario de stock de 1898 8

A lo largo de siete entradas hemos visto la notable variedad de bebidas nacionales e importadas que el Departamento de Confiterías del Ferrocarril Sud despachó para el consumo en estaciones y trenes durante los dieciséis meses comprendidos entre Abril de 1898 y Julio de 1899. Pero hasta ahora  se trató siempre  de artículos presentados en botellas y porrones. Por eso, tal vez resulte una sorpresa saber que el texto de nuestro interés también incluye una larga lista de brebajes fraccionados en damajuanas y barriles. Ahora bien, ¿cuál es la explicación de esta modalidad tipo granel, cuya figura parece poco relacionada con el cuidadoso y esmerado servicio gastronómico ferroviario que venimos analizando? En realidad, esa presencia no debe sorprender en absoluto, ya que la venta por vaso, copa o jarra también era extremadamente popular en aquellos tiempos en los que se bebía copiosamente. Así, nuestro libro de stock no hace más que reflejar las costumbres de la época, aunque resulta notoria  la existencia del despacho suelto no solamente en materia de vinos, sino también en cognac, grappa, caña, ginebra, ajenjo, licores, aperitivos y vermouth. Hoy nos puede parecer insólita la presentación de ciertas bebidas en esos recipientes, pero lo cierto es que los grandes envases de vidrio y madera constituían un porcentaje muy importante del expendio gastronómico en los años finales del siglo XIX, muchas veces superior al de las propias botellas de litro o medio litro.


Antes de presentar el repertorio vale aclarar algunos puntos. Al lado de cada artículo se ubica una abreviación de la unidad de medida tal cual fue apuntada en el longevo libro que nos ocupa, es decir, lt en el caso de litro, dj en el caso de damajuanas y barril en el caso del roble. De todos modos, los precios están expresados siempre por litro, a fin de presentarlos de un modo comparativamente útil y con el propósito de resaltar, nuevamente, que una vez en confiterías y trenes, esos envases eran abiertos y servidos por copa, vaso o jarra (1). En las damajuanas, el importe se obtuvo dividiendo el valor total por el número de envases asentados y luego por diez  (el formato de diez litros era prácticamente el único en esa época). De todos modos, reconozco que en este caso tengo algunas dudas respecto a la objetividad de los valores, ya que encontré no pocas disparidades que no logro explicar.  Para ciertos ítems me he visto en la obligación de tratar de interpretar posibles errores de los empleados del FCS cuando volcaron los datos hace ciento catorce años. Bien o mal, ha sido la única manera de hacerlo. En varias llamadas numéricas, luego, añadí breves comentarios sobre los casos más notorios de ello.


Primeros veamos lo que corresponde a vinos, todos ellos en damajuanas,con sus denominaciones transcriptas de manera fiel al original.

Locomotora   (dj)                         0,45 (2)
Priorato  (dj)                                1,00
Seco  (dj)                                     0,90
Malbeck  (dj)                                0,45 (3)
Mendoza tinto  (dj)                       0,50
Mendoza blanco  (dj)                   1,00
Vino de Familias  (dj)                   0,55             

Y ahora continuamos con el resto de las bebidas. Los adjetivos  “común” y “ordinario” han sido tomados textualmente.

Caña blanca  (lt)                          0,80
Caña guindado  (lt)                      0,40
Caña durazno  (lt)                        0,60
Caña doble limón  (lt)                   0,60 
Cognac ordinario (barril x 50)      1,90 (4)   
Cognac común   (lt)                     8,00 (5)
Ginebra común  (dj)                     0,80
Grappa  (lt)                                  3,50      
Anís ordinario  (dj)                       0,30
Ajenjo ordinario  (dj)                    1,20
Amerital  (dj)                                1,10 (6)
Carabanchel común  (lt)              0,35
Bitter común  (lt)                          6,00 (7)
Fernet común  (dj)                       1,00
Vermouth común  (lt)                   3,00
Vermouth Torino  (lt)                   6,00 (7) 

Otra sorpresa ferroviaria, ¿verdad? ¿Quién no hubiera querido estar sentado en un coche comedor disfrutando una jarra de vino Locomotora, o una copa de ajenjo para sumirse en extrañas reflexiones? Ya lo hemos dicho antes, pero lo repetimos: estas cosas eran normales para nuestros bisabuelos, aunque nosotros sólo podamos imaginarlas como una especie de sueño lejano. Por fortuna, algunos testimonios del pasado nos permiten realizar tan grato ejercicio, aunque más no sea como pasatiempo…

                                                          CONTINUARÁ…

Notas:

(1) La pregunta obligada es cómo se establecía el precio de venta cuando se trataba de damajuanas o barriles, antes de que fueran abiertos y servidos de manera fragmentada. La respuesta es muy simple: del mismo modo que se puede establecer  hoy un precio y un margen de ganancia para una botella de whisky, o sea, haciendo un cálculo previo de las medidas.
(2) Si tenemos en cuenta el entorno de consumo, no se puede negar que el nombre era excelente.
(3) Esta es la más antigua referencia directa de puño y letra que conozco sobre el Malbec en Argentina. Sólo aparece asentado en un mes (Julio 1898) pero con una salida importante: 46 damajuanas.


(4) Afortunadamente, el empleado tuvo la gentileza de anotar la capacidad del barril, lo que me permitió calcular el precio por litro. Sólo se despachó una unidad en Septiembre de 1898 por un valor total de $ 95.
(5) Este importe contrasta fuertemente con el anterior, aunque no hay manera de saber si se trata de una equivocación, ya que es otro producto asentado en un único período mensual.
(6) No es el Aperital, mucho más conocido, ni se trata de un error de escritura, ya que en varios mese s aparecen claramente tanto uno como otro, bien diferenciados.
(7) También aquí me llama la atención que el litro suelto (tanto en bitter como en vermouth) sea más caro que una botella cerrada de marca reconocida.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Cigarros en tela de juicio 1

La ley argentina de marcas, promulgada en 1876, brindó por primera vez un cierto marco jurídico al ya entonces dinámico  sector  de  los artículos  de consumo masivo. Sin embargo, debieron pasar algunas décadas  para  que  se  modificara la costumbre  de ignorar  por  completo   esas reglamentaciones. Aun en los últimos años del siglo XIX resultaban frecuentes los conflictos al respecto, especialmente aquellos referidos a marcas de productos alimenticios, bebidas y tabacos, que eran, por cierto, los tres rubros más importantes de la incipiente industria nacional de antaño. Por el interés que presenta ese contexto tan particular, en dos entradas nos vamos a referir a sendos juicios entablados por falsificación e imitación de marcas de cigarros ocurridos hacia 1900, que concluyeron con sentencias diametralmente opuestas para demandantes y demandados. El primer caso tuvo su origen en 1898,   cuando la prestigiosa casa importadora William Paats, Roche y Cía se presentó ante la justicia denunciando la falsificación e imitación de marcas de cigarros toscanos llevada a cabo por la no menos acreditada fábrica rosarina de tabacos “La Suiza”, de Testoni, Chiesa y Cía.


Para empezar, veamos quiénes eran los protagonistas del litigio. El querellante W Paats, Roche y Cía, como dijimos, tenía una sólida reputación en el ramo importador (1). El 6 de diciembre de 1897 celebró con el gobierno del Reino de  Italia un contrato para la distribución y venta de sus tabacos en las repúblicas de Paraguay, Uruguay y Argentina por el término de cinco años. Vale señalar que desde los tiempos de la unificación italiana en 1861, la producción tabacalera peninsular era monopolio del estado, o sea que solamente éste se encontraba facultado para fabricar, comercializar y otorgar licencias de importación  relativas a cualquier artículo del ramo. Por su parte, la acusada manufactura  argentina de Testoni y Chiesa se había constituido como una de las más importantes del país desde su inauguración en 1890. A mediados de esa década contaba con una espaciosa planta de 3000 metros cuadrados para la elaboración y venta de sus productos en la calle Urquiza 1052 de la ciudad de Rosario y una sucursal en Buenos Aires sobre la Avenida de Mayo 646. La siguiente es una foto de su local rosarino, en el que producía numerosas variedades y marcas de cigarros, cigarrillos, picaduras y rapé.


Fue así que en 1898 el importador de marras se presentó ante la justicia denunciando que “los tabacos italianos son objeto de una vastísima falsificación en esta república, la que se elabora con tabaco ordinario de Tucumán, Misiones o Corrientes con una cubierta de Virginia inferior, vendiéndose esos tabacos a un precio inferior del legítimo, que varía entre un tercio y la mitad de su valor”. Luego asegura que “esta firma (Testoni y Chiesa) vende más de un millón de cigarros italianos mensualmente (…) La casa demandada, para ocultar su acción, ha imitado también la marca,  que por la forma adoptada en los paquetes, color del envoltorio, distribución de inscripciones y escudos agregados hace una confusión inevitable, sobre todo, para la mayoría de los consumidores italianos analfabetos”. Resumiendo, había dos imputaciones diferentes: una por falsificación y otra por imitación. Las pruebas de la parte acusadora habían sido obtenidas mediante el embargo llevado a cabo en la fábrica Testoni y Chiesa de Rosario, durante el cual se hallaron 952 paquetes con 47600 cigarros con etiquetas que llevaban la leyenda “Direzione Generale delle Gabelle” , denunciados como falsificación. Por otro lado, se secuestraron también 7522 paquetes con 336.100 cigarros denunciados como imitación, al igual que otros 308 paquetes con  15.400 cigarros iguales a los anteriores pero con estampilla de impuestos internos, es decir, que se hallaban próximos a su puesta en venta. Veamos ahora cómo era el rótulo italiano auténtico para el paquete de 50 toscanos, que constituía una marca registrada por los importadores exclusivos W Paats, Roche y Cía. en nuestro país con el amparo y la aprobación del propio Reino de Italia.


Y ahora observemos los rótulos utilizados por Testoni y Chiesa. El de la izquierda fue denunciado por falsificación, y el de la derecha por imitación de marcas de fábrica.


Exceptuando algún detalle (2), la etiqueta de la izquierda parece, en efecto, una falsificación muy evidente, a tal punto que  los precios son expresados en liras y no en pesos. Lo más increíble es que durante la causa se estableció fehacientemente la existencia de muchos otros manufactureros de cigarros que empleaban  etiquetas similares, y que éstas era impresas por encargo en cualquier casa de litografía de la época, o sea que tal práctica era común al momento del juicio. La ley de impuestos internos de 1895 había obligado a colocar el nombre y la dirección del fabricante en los envases de tabaco, pero es obvio que las falsificaciones continuaron existiendo, aunque en menor medida. El punto verdaderamente  interesante del juicio es que nos da una idea bien documentada y cronológicamente concreta sobre el enorme consumo de toscanos en los años finiseculares del XIX, así como de las triquiñuelas que utilizaban los fabricantes argentinos para “subirse” a la fama positiva del genuino cigarro italiano.


¿Cómo terminó la cosa? En una primera instancia, la justicia sobreseyó a Testoni y Chiesa por no haberse probado fehacientemente la falsificación (los acusados declararon que no vendían más cigarros con etiqueta italiana desde 1895, y que lo hallado en sus depósitos era un “saldo”) y por ciertas dudas en cuanto a los derechos de W Paats, Roche y Cía. para defender una marca extranjera. Sin embargo, apelada esa sentencia y luego de cuatro años de juicio y más de 900 fojas, la Cámara Federal revocó el fallo original y encontró culpables a Testoni y Chiesa de todos los cargos. La empresa fue condenada a pagar una multa de 500 pesos fuertes, mientras que las mercaderías secuestradas en 1898 acabaron siendo vendidas por subasta pública. Como si esto no fuera suficiente, tampoco pudo seguir utilizando la marca “La Suiza” para sus toscanos, ya que la misma fue finalmente rechazada por la Oficina Nacional de Marcas y Patentes.

                                                         CONTINUARÁ…

Notas:

(1) En la entrada del 1/11 vimos algunas publicidades de la firma en cuestión para la ginebra holandesa Real Holland y el bitter Secrestat.
(2) Evidentemente se trataba de una etiqueta diseñada a imagen y semejanza de la original italiana, aunque con un detalle que revela cierto anacronismo. Si se comparan el rótulo falsificado y el auténtico, ambos están encabezados por los nombres de distintas oficinas gubernamentales que controlaron de manera sucesiva el monopolio estatal de tabacos. Entre 1884 y 1893 lo hizo la “Direzione Generale delle Gabelle” (de impuestos), pero a partir del 7 de diciembre de 1893 pasó a la órbita de la “Direzione Generales delle Privative” (de privilegios del reino). Por lo visto, los fabricantes argentinos nunca se ocuparon de efectuar la modificación correspondiente.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Diluvio de Magallanes

En una de las entradas fundacionales de este blog, hace casi un año, nos referimos a Roberto Payró y su libro La Australia Argentina. En aquella oportunidad aprovechamos la excusa literaria para analizar el consumo de un misterioso vino de la época, el Panquehua o Panquehue, aparentemente muy popular en ese rincón meridional de América durante los últimos años del siglo XIX. Pero no profundizamos demasiado en el resto de la obra, que constituye un invalorable testimonio de la vida en los rincones extremos de la república y de los sacrificios que  imponía la supervivencia cotidiana a sus habitantes, al igual que a todos los viajeros que hasta allí se arrimaban. Con un estilo directo y descriptivo, este gran escritor argentino logra atrapar la atención  a través de las peripecias sufridas por él mismo desde su salida de Buenos Aires en el vapor Villarino hasta la llegada al extremo sur del continente, pasando por varias escalas.

 
Desde el principio de la travesía (que tocaba Puerto Madryn, Puerto Santa Cruz, Gallegos, Ushuaia, Lapataia e Isla de los Estados, amén de algunos puertos chilenos) el cronista no deja de remarcar las deficiencias del sistema estatal de transporte (“insuficiente y hasta irritante”), cuya pobre calidad y baja frecuencia retrasaban el desarrollo de las incipientes poblaciones patagónicas, condenadas a esperar largos meses por el arribo de correspondencia, noticias y enseres elementales. Situación  bien diferente al activo sistema privado chileno, que no solamente ofrecía muchas más frecuencias de viaje, sino también una interesante variedad de destinos internacionales (1). Además, el servicio gastronómico dejaba mucho que desear, según asegura Payró  señalando que  no faltaba lo que nuca falta a bordo: las quejas de los pasajeros por la comida, pero esta vez con fundamento”. Luego se extiende en “la grasa patria, los huevos asentados y los guisos imposibles”, además del asado (que olía a cebo) y los dulces (que sabían a jabón). Su condición de periodista bastante reconocido le ofreció entonces la oportunidad de sentarse a la mesa del capitán Murúa junto con el ilustre Francisco P.  Moreno, “en la que brillaron las sopas instantáneas Maggi que llevaba el perito argentino para su expedición” (2)
 
 
Un punto del relato presenta interés especial por la descripción de una taberna marinera enclavada en la ciudad chilena de Magallanes (nombre original de Punta Arenas), cuya silueta pertenece definitivamente al pasado lejano. Se trata de El Diluvio, lugar de contraseña para toda la curiosa y extinta fauna humana de loberos, balleneros, mineros, buscadores de oro y “merodeadores de las costas” que sabían pulular por aquellos confines del mundo. El dueño era un catalán bajito, colorado y cabezón, que toca el piano con bastante habilidad, al decir del prosista que nos ocupa, motivo por el que muchas personas preferían pasar allí sus horas de ocio bebiendo un vermouth o un pisco y escuchando algo de música, en lugar de permanecer en los hoteles, donde había mayores comodidades (3).



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Es que así era Punta Arenas hacia finales del XIX, bastante alegre y bulliciosa, tal cual lo relata el mismo Payró: “abundaban los restaurantes, los despachos de bebidas y los billares; no encontré una sola librería, ya que no merece el nombre de tal una taberna donde se vende papel y algún libro escolar” (4). Curiosa descripción de un poblado que “no es ni tiene por qué ser muy lector”. Bien al contrario, los cafés atraían a la vecindad  para pasar el tiempo, hablar de negocios y hacer vida social. ¿Quedará actualmente algún refugio gastronómico semejante, otrora tan común en los puertos de todo el mundo? No lo sabemos, pero podemos afirmar sin atisbo de duda que en El Diluvio, alguna vez, se entremezclaron el humo de las pipas, el sonido de las copas y  los acordes de un viejo piano.

Notas:

(1) El autor ofrece ejemplos concretos de líneas que tenían escala en Punta Arenas pero no tocaban ninguno de los puertos argentinos, condenados a esperar el paso del maltrecho transporte Villarino cada dos meses. Menciona a tal efecto las empresas PSNC (Pacific Steam Navigation Company), Lloyd Norte Alemán y Kosmos, entre otras, que ofrecían servicios quincenales y hasta semanales.
(2) Para el que suscribe resultó toda una sorpresa saber que ya en 1898 existían las sopas instantáneas, cuyo origen no dudamos en señalar como importado.
(3) Para esa época, mientras los hospedajes escaseaban terriblemente en el lado argentino, la hotelería florecía en el sector chileno. Propongo a los interesados en el tema leer el siguiente artículo sobre la oferta hotelera en la región desde 1870 hasta 1952:   http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-22442005000100001&script=sci_arttext
(4) Como curiosidad de la época, en 1896 se instaló en esa localidad la más antigua de las fábricas chilenas  de cerveza, de nombre Austral, propiedad del alemán Juan Fischer.


jueves, 19 de julio de 2012

Un revelador libro ferroviario de stock de 1898 5

En cada entrada correspondiente al longevo volumen del Ferrocarril Sud que hemos presentado  hasta ahora  señalamos  algunos  apuntes  sobre  los servicios de esa empresa, a fin de encuadrar la data posterior en un contexto cronológicamente  correcto. También insertamos fotos de diferentes coches comedores más o menos cercanos a la época, pero nunca tuvimos oportunidad de observar el plano de uno de ellos, que representaba toda una novedad para los viajeros de su tiempo (1). El croquis que reproducimos a continuación corresponde a una unidad tipo restaurante puesta en circulación por un “primo” del FCS, el FCBBNO (Ferrocarril Bahía Blanca y Noroeste). Lo interesante de la imagen es que pertenece a la misma época de nuestro libro de stock, por lo que bien puede servir de referencia para recrear  uno  de  los entornos en los cuales se consumían  los artículos que venimos estudiando. Construido hacia 1890 en Estados Unidos por la Harlan & Hollings Worth  Co., tenía una capacidad de 32 asientos y un peso aproximado de 27 toneladas. Toda su carrocería, por supuesto, era de madera.


Quizás alguien se sorprenda por lo moderado de la capacidad y del peso, datos que denotan un vehículo más bien pequeño. Sin embargo, ése era el porte de la mayoría de los coches y vagones a fines del siglo XIX, cuando las locomotoras  a vapor no eran tan potentes ni las vías tan sólidas como lo serían algunas décadas después. Por eso, la imagen resulta doblemente valiosa en carácter de testimonio. En ella podemos, además, observar detalles sobre los sectores de la cocina y la barra que nos hablan de las grandes habilidades del personal para cocinar, circular y servir  en un espacio reducido, sin contar el movimiento constante de la formación sobre las vías.


Yendo a lo nuestro de un modo más concreto, esta vez nos toca  una generosa lista de licores y rones ofrecidos  por la empresa ferroviaria que nos ocupa y debidamente asentados por sus empleados del depósito central entre Abril de 1898 y Julio de 1899. A lo largo de la misma podemos encontrar algunos productos que aún conservan un renombre internacional en el ámbito de las bebidas y la coctelería. Diferentes etiquetas nos  llevan   por  varios  países  del  mundo  de la mano de antiguas producciones alcoholeras con  larga tradición, como el Marraschino, el Kummel, el Rhum (sinónimo de ron) o el Chartreuse. En algún caso particular nos topamos con artículos señalados con anterioridad en entradas referidas a otros momentos de la historia argentina (2), cuya redundancia  pone  de  manifiesto  el  gusto por el lujo y la activa importación de mercancías existente en las décadas finiseculares de los 1800. Sobre el tema de los artículos importados es necesario destacar que ciertas variedades de licores fueron producidas alguna vez en nuestro país (como el Carabanchel), aunque la mención del producto genérico y no de la marca es frecuente en el libro, por lo que resulta imposible saber, en muchos casos, si su origen es local o foráneo.



















Vamos entonces al catálogo de todas estas delicias con su antiguo valor en pesos por botella cerrada, en orden alfabético.

Ajenjo Cusenier                       5,00
Ajenjo Pernod                          7,50
Amer Picon (3)                        5,50
Anisette                                 14,00
Bálsamo Pedroni                     7,75          
Benedictine                            22,00 (4)
Cacao                                       9,60
Carabanchel                             6,00
Cassis                                     10,00
Chartreuse                              16,00
Cherry Brandy                         14,00
Curaçao                                  10,00
Feuillantine                             22,00 (4) 
Kirsch                                      10,00
Kummel                                   10,00
Maraschino                              10,00
Peppermint                               7,00
Prunelle                                    5,00
Queens Liqueur                        3,50      
Robur   (3)                                4,00
Rhum Brunego                          5,40
Rhum Daniel                             3,60
Rhum Grenade                         8,90
Rhum Lambert                          2,70

Insistiré sobre lo que sigue hasta el hartazgo: ¿cuántos comercios de hoy en día, incluso especializados, pueden  jactarse de semejante variedad de opciones? Y otra vez propongo el siguiente ejercicio de regresión temporal: imaginemos la lujosa confitería de una estación enclavada en un embrionario  pueblo de la campiña bonaerense o, mejor aún, un pequeño coche comedor revestido de finas maderas lustradas y cómodos asientos de cuero genuino que surca los rieles en cualquier  noche tachonada de estrellas, allá por 1898 o 1899, al filo del nuevo siglo. ¡Pavada de escenario histórico para degustar nuestra bebida! ¿Qué  elegiríamos  entre  todas  las opciones presentadas hasta ahora? ¿Una buena cerveza, un vermouth, un bitter, un cognac, un licor? ¿O tal vez un cóctel sabiamente preparado en la barra por el atento y eficiente personal del FCS?  Cosas que tal vez vivieron nuestros bisabuelos como algo de lo más normal, pero que nosotros sólo podemos imaginar.


                                                         CONTINUARÁ…

 Notas:

(1) Recordemos que el FCS inició el servicio de comedores a bordo en 1896.
(2) En la entrada del 16/11/2011 “Un menú de lujo para la fundación de La Plata” aparece el Chartreuse, servido en ocasión del banquete ofrecido el 19 de Noviembre de 1882.
(3) Tanto  Amer Picon como Robur son  viejos aperitivos  tipo “amargo” de origen francés, que deberían haber sido presentados  en la entrada correspondiente a esas bebidas, subida hace algunos meses. Ambas están aquí por razones diferentes. El primero sólo aparece en un mes (Diciembre 1898) apuntado junto con el pelotón de los licores, por lo que decidí incluirlo en la presente entrada respetando la voluntad  -o el error- de los administrativos del FCS que volcaron  los datos hace 114 años. En el caso del Robur se trata de un descubrimiento tardío, ya que lo encontré, también en un único  mes (Mayo 1898), con posterioridad al posteo mencionado.













(4) Junto al  cognac tipo Fine Champagne que presentamos en la cuarta entrada del tema de referencia, Feuillantine y Benedictine son los productos más caros del libro. El primer licor, menos conocido, era elaborado en el sur de Francia (Garonne y Toulouse)  por los monjes de esa antigua orden desaparecida tras la Revolución Francesa. Luego comenzó  a ser fabricado por destilerías privadas.


sábado, 9 de junio de 2012

Un revelador libro ferroviario de stock de 1898 4

No debe sorprendernos, luego de tres entradas sobre el tema de referencia, la calidad, variedad y envergadura del servicio provisto por el Ferrocarril del Sud para sus confiterías de estaciones y coches comedores de los trenes, de lo cual nos da cuenta el antiguo  y  singular  libro  contable  de stock  que  hemos venido analizando.  Si profundizamos un poco en la historia de esta firma del riel, podemos saber, por ejemplo, que hacia 1920 contaba con confiterías en las estaciones Ayacucho, Azul, Bahía Blanca, Empalme Lobos, Ingeniero White, Las Flores, La Plata, Mar del Plata, Tandil, Temperley, Tres Arroyos y, por supuesto, Plaza Constitución. Por otra parte, en 1929, un itinerario de servicio (1) indica que los comedores estaban dispuestos  nada más y nada menos que en 57 trenes regulares, de los cuales 20 eran  diarios y 37 corrían tres veces por semana. La multiplicación de estos números por su periodicidad  nos da un resultado ciertamente notable: 1044 trenes mensuales, es decir, formaciones provistas del servicio gastronómico correspondiente. ¿Cómo no iba a haber, entonces, semejante oferta de productos?


Bien, volviendo al año 1898 y a nuestro volumen, hoy vamos a repasar las alternativas correspondientes a dos tipos de bebidas muy populares en aquellos tiempos, la ginebra y el cognac (en realidad, casi todo lo que contuviera alcohol era popular entonces), con su debida nomenclatura de marcas y precios expresados en pesos por envase completo y cerrado. Volvemos a aclarar que esa era la manera en que los entregaba el depósito del FCS situado en Barracas, pero eso no significa que el expendio final se hiciera de tal modo. Una vez  en las confiterías y los trenes, tanto el Gin importado como las ginebras nacionales, así como el Cognac, eran despachados por sus medidas acostumbradas según las diferentes modalidades de la época: vaso, copa, etcétera. También formaban  parte de mezclas y cócteles ofrecidos en las cartas o específicamente solicitados por los clientes según  su gusto y paladar (2).



















La celebridad de la ginebra en el siglo XIX es bien conocida, especialmente en el interior del país, donde solía ser canjeada por cueros y otros productos de la ganadería extensiva propia de la época. En lo que hace a las prestaciones del FCS, podemos encontrar a lo largo del ejemplar que nos ocupa ocho etiquetas diferentes, tanto  locales como importadas. Es bueno tener en cuenta que, a diferencia del Whisky, el Coganc y otras bebidas espirituosas, la ginebra tenía un puñado de elaboradores argentinos de cierta importancia. El compendio, entonces, es el siguiente.


Bols                           3,00
Schnapps                  3,00
Néctar                        6,50
Old Tom Burnett        5,00                                                 
Old Tom Boord          5,00
Fockink                      7,50
Llave                          5,00
Dry Gin                      4,50 (3)


El caso del Cognac  refleja un fenómeno parecido aunque con  algunos rasgos particulares. En primer lugar, todas las marcas comercializadas son de origen francés, sin ningún caso de “imitación” elaborada localmente. También encontramos en este segmento, como es muy lógico, algunos de los precios más altos reflejados en todo el libro del FCS. Una botella de 22 pesos, por ejemplo, superaba holgadamente a cualquier vino, champagne o whisky ofrecido en el servicio, incluyendo a las marcas extranjeras de mayor reputación  (4). Veamos entonces la lista, algo más breve en esta ocasión.

Martell                      14,00
Henessy VO             12,80
Huertemont VSO      11,60 
Robin                       12,00
Fine Champagne      22,00 (5)

Para saber cuáles eran las marcas de ginebra y cognac más exitosas a bordo de los trenes del Sud, procedemos a sumar todas las unidades registradas en los 16 meses que abarca este formidable testimonio del ayer, y de ello surge que la delantera es llevada por Néctar (986) y Robin (770) respectivamente. Queda claro que la abundante oferta de bebidas que hemos estado reseñando hasta ahora tenía su punto de equilibrio en la sólida contrapartida de la demanda. Y así lo supo entender muy bien la empresa ferroviaria más grande del hemisferio sur, que no tuvo reparos en dotar a sus trenes de todo el lujo, la comodidad y el servicio gastronómico posible en aquellos lejanos años del cambio de siglo. En la próxima entrada de esta serie nos espera una larga lista de licores, rones y otras atemporales delicias del beber.

                                                        CONTINUARÁ...
Notas:

(1) Los itinerarios de servicio eran manuales para uso exclusivo de los empleados de las empresas ferroviarias, en los que figuraban horarios, formación de trenes, normas de seguridad y otros datos de interés operativo. Los que se han preservado hasta la actualidad constituyen un rico material histórico de consulta.


(2) En la entrada del 1/11/2011 examinamos la popularidad de una de esas mezclas (ginebra con bitter) según algunas viejas obras de la literatura nacional.
(3) El término dry gin alude a un tipo y no a una marca, pero la indicación aparece en varios meses y no corresponde a ninguna de las otras etiquetas (es decir, no puede haber confusión con otro producto similar) por la diferencia de precio.
(4) El salario mensual promedio de esa época rondaba los 60 a 75 pesos para un obrero calificado, como un carpintero. Eso da una idea aproximada de lo que significaba una botella de 22 pesos.
(5) Para quien no está familiarizado con esta noble bebida destilada, aclaramos que Fine Champagne es una denominación que define un tipo de Cognac elaborado a partir de vinos provenientes de ciertas zonas específicas de esa región, y que no tiene nada que ver con el mundialmente célebre vino espumante.

lunes, 2 de abril de 2012

Un revelador libro ferroviario de stock de 1898 3

¿Por qué eran tan completos y sofisticados los servicios de bar y restaurante en los trenes y estaciones de los ferrocarriles de antaño? La respuesta es bastante compleja, pero puede sintetizarse simplemente comprendiendo la trascendencia que ese modo de viajar tenía entonces, no sólo como transporte en sí mismo, sino también como elemento fundamental en la vida de los pueblos y ciudades. Al respecto decíamos que las grandes estaciones y sus confiterías, amés de los propios convoyes ferroviarios de larga distancia, eran los principales destinatarios de los artículos asentados en nuestro viejo libro contable. Pero vale aclarar que muchas localidades que no eran tran grandes al nivel de Buenos Aires, La Plata o Bahía Blanca (1) también tenían confiterías en sus estaciones: Temperley, Las Flores o Tandil, por ejemplo, eran algunas de ellas. ¿Cómo no iban a ser destacados esos comercios ferroviarios hace más de cien años, cuando quizás se trataba de los únicos locales gastronómicos de jerarquía en tales parajes?
La estación, asimismo, era mucho más que el punto de embarque de pasajeros. También allí se despachaban y recibían cargas, hacienda, encomiendas, telegramas, periódicos y casi todos los artículos imaginables. Por eso, se trataba de un sito con actividad y movimiento durante la mayor parte del día, igual que lo eran un banco, un comercio o una repartición pública. Ir a recibir a un viajero, o a despachar un paquete, o a enviar un telegrama, constituían algunas de las muchas ocasiones para llegar a la estación y encontrarse, seguramente, con otras gentes de la vecindad en una especie de ceremonia social tan típica de la época. Y así las cosas, ¿por qué no matizar esos encuentros con un café, una copa o un refrigerio en la confitería?



Aclarado el interrogante, pasemos entonces a analizar en esta entrada lo que corresponde a la abundante variedad de todos los tipos de bitter, amargos, aperitivos, vinos quinados y vermouths que ofrecían las cartas del FCS y que fueron felizmente registradas por el increíble volumen que nos ocupa desde hace algún tiempo (y que seguirá haciéndolo por mucho más, sin dudas). Y al igual que con las cervezas o los wiskies, el detalle de las marcas da lugar al asombro por la su calidad y diversidad, con una abrumadora mayoría de etiquetas importadas de Europa, dado que la industria argentina de bebidas, si bien ya existente, no tenía a fines del siglo XIX la envergadura suficiente como para ofrecer semejante multiplicidad de opciones. En principio, vemos lo que corresponde al bitter (2) y a los amaros, con sus debidos precios de venta por botella cerrada, que era el modo en que eran entregados y registrados por la empresa desde sus depósitos en Buenos Aires.

Bitter Angostura             3,00
Bitter Secrestat               5,00
Bitter Naranja                  5,00
Bitter Gaillard                  5,00
Bitter Peach                    5,00
Bitter Argentino               5,00
Bitter Pelletier                  5,00
Amaro Felsina                 5,00
Amaro Monte Cúdine      1,60
Amaro Ejército Italiano     2,00


Sin dudas parece reiterativo, pero la cuestión de la cantidad de productos para elegir realmente no me deja de sorprender: 7 alternativas sólo en bitter es algo que quizás muy pocos sitios en el mundo ofrezcan en este mismo momento, pero en algunos trenes y estaciones de la Argentina en 1898 era posible conseguirlas sin mayores inconvenientes.


Continuemos entonces con la no menos abundante oferta en lo que hace a aperitivos, vinos quinados y vermouths, con algunos nombres que se han perpetuado en el tiempo y que llegaron a nuestros días con éxito masivo en la Argentina y el mundo entero. El repertorio, en este caso, es el siguiente:


Aperital                       5,00
Fernet Branca            5,00
Byrrh                          5,50
Alpinina                      1,70
Hesperidina                5,00
Ferro Quina Bisleri     5,00
Vermouth Cinzano      5,00
Vermouth Cora           5,00
Vermouth Noilly Prat   5,00  (3)


No seguiremos abundando en lo sorprendente de la variedad porque sería una cuestión monotemática casi obsesiva, pero sí vale la pena destacar que sólo en el caso del Fernet encontramos en la actualidad un abanico de marcas realmente valorable.  Digamos a título estadístico que de la suma de botellas asentadas entre Abril de 1898 y Julio de 1899 surge que Cinzano era ampliamente favorito en los gustos del público, con 2016 unidades apuntadas en todo ese período.


Es verdad que en la última década se viene verificando un saludable revival de este tipo de productos gracias a la explosión de la coctelería profesional, pero... ¿a quién no le hubiera gustado estar a bordo de un coche comedor de madera de los que surcaban aquellos viejos y lustrosos rieles mientras se deleitaba con alguna de tales bebidas?  En fin, la cosa no termina aquí ni muchos menos, como ya hemos advertido. Hay material para repasar durante muchas entradas más, mientras seguimos descubriendo cosas en este fabuloso testimonio de la vida cotidiana argentina hace poco más de ciento diez años.

                                                              CONTINUARÁ...
Notas:

(1) La primera foto de la entrada corresponde a la confitería de la Estación Bahía Blanca del FCS en los primeros años del siglo XX. Otra foto del mismo lugar lleva en su epígrafe la leyenda "anexo almacén", lo cual abre la posibilidad de que en allí también se pudieran comprar los productos directamente y por envase cerrado. La que sigue es esa imagen y llamo la atención sobre la vestimenta de los mozos y la impresión general de local "bien puesto".


(2) En una entrada del año pasado dimos cuenta de la popularidad del bitter (mezclado con ginebra) según varias obras de la literatura argentina. Sin dudas era una bebida muy apreciada y requerida en aquel entonces.
(3) Noilly Prat es una antigua marca francesa no demasiado conocida en el resto del mundo,  pero sí en su país de origen, especialmente su versión blanca o dry. Los otros dos señalados en la lista del FCS, Cinzano y Cora, son en cambio más famosos por sus respectivas versiones rojas.

martes, 7 de febrero de 2012

Un revelador libro ferroviario de stock de 1898 2

Los cálculos previos, muchas veces, resultan completamente desacertados cuando la cuestión de fondo comienza a mostrarse tal cual es. Y así sucede en este caso, ya que lo previsto para el desarrollo del tema del formidable libro de stock del Ferrocarril Sud de 1898 que aventuramos en la primera entrada de presentación ("a la que seguirán no menos de otras cinco"), resulta ahora decididamente errado por lo pequeño. Es que el volumen tiene tanto para analizar, para comentar y para descubrir, que parece más inabarcable en cada lectura. Pero a no desesperarse, que para la tarea de marras nació este blog, y por eso le dedicaremos al invalorable y antiguo ejemplar tantas entradas como sean necesarias.
Hoy nos vamos a consagrar de lleno a dos bebidas en particular, cuya variedad y calidad en el servicio ferroviario de referencia nos comienza a dar una idea de la envergadura del mismo. Antes que nada, aclaremos que un fortuito hallazgo en el propio libro despejó nuestra dudas sobre el destino final de las mercaderías entregadas y asentadas por el depósito del FCS: ya no caben dudas de que ese destino era mixto, es decir que los artículos se destinaban tanto para el consumo en los coches bares y comedores de los trenes como para las confiterías de las estaciones dispersas por toda la línea (1).


En lo que a cervezas se refiere, la diversidad no tiene, seguramente, nada que envidiarle a las mejores cervecerías de entonces. Una docena de variedades, sin contar las presentaciones múltiples dentro de una misma etiqueta (botellas de litro y de medio litro, por ejemplo) y con la presencia de algunas importadas, puede ser algo envidiado incluso hoy por cualquier local gastronómico. En los 16 meses abarcados por el registro encontramos las siguientes, siempre hablando, salvo excepción aclarada en el ítem o por nota adjunta, de botella de litro. Los precios, expresados en pesos, surgen de la división del precio total de venta asentado cada mes por la cantidad de unidades declaradas (2):

Negra Inglesa (3)           1,00
Negra Chancho (3)        1,00
Pilsen                             0,75                                  
Palermo                         0,65
Quilmes                          0,75
Quilmes Bock                 0,85
Río II Blanca                  1,25
Río II Negra                    0,80
Nacional                         0,80
Kops Ale (4)                   0,35
Kops Staut (sic) (4)        0,35
Cerveza Alemana (5)     0,80

Si tomamos la suma total de unidades entregadas por el depósito desde abril de 1898 hasta julio de 1899, notamos que la clara favorita era la Quilmes (10.783), seguida de lejos por la santafesina Pilsen (5.268). En el estudio detallado mes a mes también se nota la fuerte estacionalidad de la cerveza, cuyo consumo en verano es abrumadoramente superior al del invierno.


Si nos sorprende la variedad de cervezas pasemos a la de whisky, que acusa diez marcas, todas ellas provenientes de las islas británicas . Sin dudas existía un alto consumo de esta bebida, seguramente ayudada por el hecho de que el FCS estaba repleto de funcionarios ingleses y escoceses que con regularidad viajaban en los trenes y/o asistían a las confiterías de las estaciones. Veamos entonces su nomenclatura siguiendo el mismo esquema anterior:

Old Smuggler (6)    6,85
VVO  (7)                 8,00
DCL (8)                  6.70
Crabbie                  8,50
Ben Ledi                8,50
Buchanan               8,00
Canadian Club       6,50                    
Pattison                 7,25
Deward                  6,50
Sanderson             8,00

Otra notable multiplicidad de propuestas. En este caso, los precios corresponden a los envases cerrados y completos porque así los entregaba el depósito y así se asentaban a los efectos contables, pero desde ya queda claro que el servicio en trenes y confiterías era mayoritariamente en vasos o medidas, por lo que se haría un cálculo de éstas por cada botella. Los favoritos del whisky durante el período abarcado por el documento contable, en cantidad de unidades, son el Old Smuggler (1400) y el DCL (379), pero vale la pena reiterar lo abultado de la lista. ¿Cuántos bares o pubs pueden ufanarse hoy de semejante carta?


Un material para la sorpresa, ¿no es verdad? Pues bien, ya veremos próximamente lo que corresponde a vinos nacionales e importados, ginebras, cognac, licores diversos, vermouth, tabacos y alimentos, tanto simples como de lujo (foie gras, caviar, trufas, etc). Y allí, seguramente, la sorpresa será todavía mayor.

                                                          CONTINUARÁ...
Notas:

(1) Hacia fines de 1898, las principales terminales del FCS eran Constitución, La Plata (no la actual, construida en 1906, sino la que estaba en 7 y 50, convertida hoy en el pasaje Dardo Rocha) y Bahía Blanca. Es razonable pensar que allí y en los trenes de larga distancia estaban los consumos más importantes.
(2) El libro expresa precio de venta del total de unidades, por eso es necesario hacer la división para saber el precio por unidad.
(3) Cerveza en botella de gres. Probablemente se trate del mismo producto, asentado con una denominación diferente en distintos meses. Hay muchas razones, además del precio coincidente, para pensarlo así.
(4) Sólo aparecen registradas en un mes, octubre de 1898. No se aclara el contenido pero es lógico pensar que sería un envase más pequeño. Kops es una marca inglesa de 1890 desaparecida hace muchos años.
(5) Sólo aparece registrada en un mes, noviembre de 1898.
(6) Es el importado sin lugar a dudas. El nacional comenzó a elaborarse recién en 1949.
(7) Todo indica que no es una marca sino la denominación de calidad utilizada tanto para whisky como para cognac, que significa Very Very Old. Una de las destilerías escocesas que hace uso de ella es James Martin, así que podría tratarse de esa etiqueta.


(8) DCL es la sigla que identifica a la Distiller Company Ltd., empresa creada en 1877 por la fusión de 6 antiguas destilerías: Macfarlane, Bald, Haig, MacNab, Mowbray y Stewart.