lunes, 3 de diciembre de 2012

Cigarros en tela de juicio 1

La ley argentina de marcas, promulgada en 1876, brindó por primera vez un cierto marco jurídico al ya entonces dinámico  sector  de  los artículos  de consumo masivo. Sin embargo, debieron pasar algunas   décadas  para  que  se  modificara la costumbre  de  ignorar  por  completo   esas reglamentaciones. Aun en los últimos años del siglo XIX resultaban frecuentes los conflictos al respecto, especialmente aquellos referidos a marcas de productos alimenticios, bebidas y tabacos, que eran, por cierto, los tres rubros más importantes de la incipiente industria nacional de antaño. Por el interés que presenta ese contexto tan particular, en dos entradas nos vamos a referir a sendos juicios entablados por falsificación e imitación de marcas de cigarros ocurridos hacia 1900, que concluyeron con sentencias diametralmente opuestas para demandantes y demandados. El primer caso tuvo su origen en 1898,   cuando la prestigiosa casa importadora William Paats, Roche y Cía se presentó ante la justicia denunciando la falsificación e imitación de marcas de cigarros toscanos llevada a cabo por la no menos acreditada fábrica rosarina de tabacos “La Suiza”, de Testoni, Chiesa y Cía.


Para empezar, veamos quiénes eran los protagonistas del litigio. El querellante W Paats, Roche y Cía, como dijimos, tenía una sólida reputación en el ramo importador (1). El 6 de diciembre de 1897 celebró con el gobierno del Reino de  Italia un contrato para la distribución y venta de sus tabacos en las repúblicas de Paraguay, Uruguay y Argentina por el término de cinco años. Vale señalar que desde los tiempos de la unificación italiana en 1861, la producción tabacalera peninsular era monopolio del estado, o sea que solamente éste se encontraba facultado para fabricar, comercializar y otorgar licencias de importación  relativas a cualquier artículo del ramo. Por su parte, la acusada manufactura  argentina de Testoni y Chiesa se había constituido como una de las más importantes del país desde su inauguración en 1890. A mediados de esa década contaba con una espaciosa planta de 3000 metros cuadrados para la elaboración y venta de sus productos en la calle Urquiza 1052 de la ciudad de Rosario y una sucursal en Buenos Aires sobre la Avenida de Mayo 646. La siguiente es una foto de su local rosarino, en el que producía numerosas variedades y marcas de cigarros, cigarrillos, picaduras y rapé.


Fue así que en 1898 el importador de marras se presentó ante la justicia denunciando que “los tabacos italianos son objeto de una vastísima falsificación en esta república, la que se elabora con tabaco ordinario de Tucumán, Misiones o Corrientes con una cubierta de Virginia inferior, vendiéndose esos tabacos a un precio inferior del legítimo, que varía entre un tercio y la mitad de su valor”. Luego asegura que “esta firma (Testoni y Chiesa) vende más de un millón de cigarros italianos mensualmente (…) La casa demandada, para ocultar su acción, ha imitado también la marca,  que por la forma adoptada en los paquetes, color del envoltorio, distribución de inscripciones y escudos agregados hace una confusión inevitable, sobre todo, para la mayoría de los consumidores italianos analfabetos”. Resumiendo, había dos imputaciones diferentes: una por falsificación y otra por imitación. Las pruebas de la parte acusadora habían sido obtenidas mediante el embargo llevado a cabo en la fábrica Testoni y Chiesa de Rosario, durante el cual se hallaron 952 paquetes con 47600 cigarros con etiquetas que llevaban la leyenda “Direzione Generale delle Gabelle” , denunciados como falsificación. Por otro lado, se secuestraron también 7522 paquetes con 336.100 cigarros denunciados como imitación, al igual que otros 308 paquetes con  15.400 cigarros iguales a los anteriores pero con estampilla de impuestos internos, es decir, que se hallaban próximos a su puesta en venta. Veamos ahora cómo era el rótulo italiano auténtico para el paquete de 50 toscanos, que constituía una marca registrada por los importadores exclusivos W Paats, Roche y Cía. en nuestro país con el amparo y la aprobación del propio Reino de Italia.


Y ahora observemos los rótulos utilizados por Testoni y Chiesa. El de la izquierda fue denunciado por falsificación, y el de la derecha por imitación de marcas de fábrica.


Exceptuando algún detalle (2), la etiqueta de la izquierda parece, en efecto, una falsificación muy evidente, a tal punto que  los precios son expresados en liras y no en pesos. Lo más increíble es que durante la causa se estableció fehacientemente la existencia de muchos otros manufactureros de cigarros que empleaban  etiquetas similares, y que éstas era impresas por encargo en cualquier casa de litografía de la época, o sea que tal práctica era común al momento del juicio. La ley de impuestos internos de 1895 había obligado a colocar el nombre y la dirección del fabricante en los envases de tabaco, pero es obvio que las falsificaciones continuaron existiendo, aunque en menor medida. El punto verdaderamente  interesante del juicio es que nos da una idea bien documentada y cronológicamente concreta sobre el enorme consumo de toscanos en los años finiseculares del XIX, así como de las triquiñuelas que utilizaban los fabricantes argentinos para “subirse” a la fama positiva del genuino cigarro italiano.


¿Cómo terminó la cosa? En una primera instancia, la justicia sobreseyó a Testoni y Chiesa por no haberse probado fehacientemente la falsificación (los acusados declararon que no vendían más cigarros con etiqueta italiana desde 1895, y que lo hallado en sus depósitos era un “saldo”) y por ciertas dudas en cuanto a los derechos de W Paats, Roche y Cía. para defender una marca extranjera. Sin embargo, apelada esa sentencia y luego de cuatro años de juicio y más de 900 fojas, la Cámara Federal revocó el fallo original y encontró culpables a Testoni y Chiesa de todos los cargos. La empresa fue condenada a pagar una multa de 500 pesos fuertes, mientras que las mercaderías secuestradas en 1898 acabaron siendo vendidas por subasta pública. Como si esto no fuera suficiente, tampoco pudo seguir utilizando la marca “La Suiza” para sus toscanos, ya que la misma fue finalmente rechazada por la Oficina Nacional de Marcas y Patentes.

                                                         CONTINUARÁ…

Notas:

(1) En la entrada del 1/11 vimos algunas publicidades de la firma en cuestión para la ginebra holandesa Real Holland y el bitter Secrestat.
(2) Evidentemente se trataba de una etiqueta diseñada a imagen y semejanza de la original italiana, aunque con un detalle que revela cierto anacronismo. Si se comparan el rótulo falsificado y el auténtico, ambos están encabezados por los nombres de distintas oficinas gubernamentales que controlaron de manera sucesiva el monopolio estatal de tabacos. Entre 1884 y 1893 lo hizo la “Direzione Generale delle Gabelle” (de impuestos), pero a partir del 7 de diciembre de 1893 pasó a la órbita de la “Direzione Generales delle Privative” (de privilegios del reino). Por lo visto, los fabricantes argentinos nunca se ocuparon de efectuar la modificación correspondiente.

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