sábado, 27 de octubre de 2012

Cuando el tabaco no hacía humo

En nuestros días, resulta  difícil imaginar alguna forma de consumo del tabaco que prescinda totalmente del fuego o de cualquier otro sistema para hacerlo entrar  en combustión. Pero, justamente, la ausencia total de combustión era la característica más destacada en el uso del rapé o tabaco para aspirar, una modalidad de disfrute del derivado de la planta nicotiana tabacum que estuvo muy de moda durante los siglos XVIII y XIX. Su auge comenzó en Europa a mediados de la primera centuria señalada y rápidamente se extendió entre las clases acomodadas de manera casi excluyente, característica que no abandonó jamás y marcó una de sus principales diferencias con respecto al cigarro, el cigarrillo o incluso la pipa. Con todo y así las cosas, el rapé comenzó a ser fabricado, comercializado y consumido en cantidad, tanto en las grandes capitales del hemisferio norte como en las colonias de ultramar. Para fines del dieciocho, la importación intensiva desde el Viejo Mundo alcanzaba también el vasto territorio colonial español que más tarde formaría la República Argentina.


Los métodos de fabricación que se empleaban  tenían que ver con una pulverización del tabaco fermentado y procesado de acuerdo con las distintas sustancias incorporadas  para aromatizarlo. Algunas particularidades accesorias de acuerdo con el tamaño (desde polvo casi impalpable hasta granos más o menos gruesos) y el grado de humedad (seco, semi seco y húmedo) componían  las antiguas recetas con las que cada fabricante sazonaba y terminaba sus polvos. En la Historia del Tabaco, Juan Domenech discrimina algunas clases de rapé como el escocés (seco), fuerte escocés (muy aromático), escocés simple, escocés dulce (con azúcar), escocés salado (preparado con salmuera), Hightoast (fuerte, seco y tostado), irlandés (preparado con agua y cal), negro francés, galés (con agua de cal y tostado), Maccaboy (húmedo y fuerte) y sueco (el más húmedo, grueso y oloroso). Por lo que se ve, las tipologías eran muchas según diversidades geográficas y modos de elaboración, que suponemos se harían  más específicos en cada establecimiento del ramo.



Por estas latitudes, en abril de 1784  se fijaron precios de la siguiente manera: 5 pesos por mayor y 7 por menor para el “polvo de Sevilla”, 3 pesos por mayor y 4 por menor para el tipo “hechizo”, y 4  pesos por mayor y 6  por menor para el de La Habana. La información  revela las diferencias básicas de categoría y valor para las distintas variantes del artículo, aunque el principal (y evidente) proveedor era el propio reino de España y su Real Fábrica de Tabacos, de acuerdo con las leyes virreinales de la época. Luego de la Revolución de Mayo quedó liberada la producción para todas las manufacturas del tabaco, dando origen a una larga serie de talleres, factorías y elaboradores artesanales de rapé que existieron desde 1810 hasta las vísperas del 1900, sin contar las numerosas marcas importadas.


En viejas publicidades gráficas han quedado registradas muchas casas que se dedicaban al rubro, algunas en exclusividad  y otras como parte de una oferta que comprendía también tabacos en rama, tabacos picados para pipa o para armar, cigarros puros y cigarrillos (1). Los documentos históricos ponen de manifiesto que  en la segunda mitad del siglo XIX comenzó una lenta pero progresiva caía del consumo de rapé, a tono con el crecimiento de las nuevas formas de uso “en combustión”. Ello era motivado por varios factores, pero fundamentalmente por la moda: cada vez había menos personas que, provistas de sus elegantes estuches de cuero, madera, asta o metal, se entregaban a la ceremonia de inhalación  muy frecuente en otros tiempos (2). Entre 1900 y 1940, el ya anacrónico uso del rapé cayó en un 80%, marcando la finalización definitiva de una época. Mucho tiempo pasó desde entones, y en la Argentina de hoy no existe oficialmente  ningún proveedor del producto, nacional o importado, que incluso se encuentra prohibido en varias naciones de Europa.


Notas:

(1) Se podría agregar otra antiquísima manera de consumo, que es la del tabaco para mascar. Sin embargo, es un hecho que tal modalidad, aunque existente en el pasado (sobre todo en ámbitos rurales), nunca tuvo una masa realmente considerable de adeptos en nuestro territorio, al contrario de lo sucedido en otros países de América como Estados Unidos o México.
(2) Debemos añadir una  diferencia más del rapé respecto a otros tipos de tabaco: sólo era consumido por el género masculino. Incluso se consideraba de poca educación aspirar rapé en presencia de mujeres.

1 comentario:

  1. Como dato curioso y si les interesa probar este tipo de tabacos en el país un importador de rape inglés: http://www.fiammaimportadora.com.ar/tabacos.html. se consigue en tabaquerias.
    Sobre tabacos para mascar nunca ví ofrecidos. Hasta no hace mucho tabacalera Sarandí vendía criollo en penca marca "la firmeza" cuyos principales consumidores lo mascaban. Saludos!

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