domingo, 20 de noviembre de 2011

Las bodegas perdidas de Escobar y Quilmes 1

Mucha gente escuchó hablar de los "vinos de la costa" y de otras rudimentarias iniciativas viñateras en los alrededores del la ciudad de Buenos Aires. Pero pocas personas saben que hace un siglo se habían establecido allí importantes emprendimientos, cuyos productos llegaron a ser muy exitosos (1). En ese contexto, no fueron pocas las publicaciones que dieron cuenta de los quehaceres vínicos con un alto grado de detalle. Una de ellas fue el lujoso libro "La Vitivinicultura Argentina en 1910", editado por el Centro Vitivinícola Nacional; un verdadero catálogo en donde aparecen las empresas más destacadas del país con descripciones minuciosas, fotos, cuadros y estadísticas que ayudan a comprender la dinámica del sector dentro del adecuado marco temporal. A través de sus páginas abundan las curiosidades para la sorpresa y el descubrimiento, pero una de las mayores consiste en la sección dedicada a la provincia de Buenos Aires, orientada principalmente a los partidos del conurbano y con particular énfasis en las cuatro firmas de mayor prestigio: la bodega Franklin del Dr. Barroetaveña (2) y los establecimientos de Tomás Márquez, Andrés Rosso y David Spinetto. Como veremos seguidamente, los vinos que producían no sólo eran exitosos y reconocidos, sino que lograban generar muchas expectativas sobre el futuro de la industria en esa zona del país.


El análisis de la centenaria publicación  permite inferir que la bodega Franklin era las más importante y prestigiosa en la zona norte aledaña a la Ciudad de Buenos Aires. Propiedad del Doctor Francisco Barroetaveña, destacado político y senador nacional, se ubicaba "muy próxima a la estación Escobar y a una hora de tren de la Capital Federal", y contaba con 41 hectáreas de viña de variedades europeas injertadas sobre pies americanos de Riparia Gloire. Resguardado por un cerco, el rectángulo de 500 x 830 metros de viñedo estaba dividido en cuatro secciones por calles arboladas, separadas a su vez en cuatro cuarteles cada una. El abanico de cepas, según la nomenclatura de 1910, se componía en su mayor parte de "Chasselas, Faloux, Valenciana, Luenga, Franckenstal y Matilde", para uva de mesa, y "Nebbiolo, Malbeck, Lambrusco, Vermeil, Barbera, Malvasía y Freisa", para uva de vino, con una participación de 25 y 75 por ciento, respectivamente, sobre el total de la plantación. A la hora de vinificar el establecimiento tenía todo lo necesario para cumplir con los más altos estándares de calidad requeridos hace un siglo. El edificio, "muy apropiado, con paredes gruesas de mampostería, pequeñas ventanas de ventilación y amplio sótano", cobijaba grandes cubas de roble para la fermentación, pipones y otros envases del mismo material, así como una maquinaria completa que incluía moledora, bomba, prensa, refrigerante, vaporizadores y hasta un aparato pasteurizador. La capacidad anual de producción era de mil quinientas bordalesas de vino (unos 300.000 litros), que se vendía entre 30 y 35 centavos el litro "en casco puesto en Retiro". El costo de los vinos comunes y del "Generoso Malvasía" era de 80 pesos el barril, y la venta de los embotellados se hacía por "cajón"  (12 unidades) a un valor 7 pesos para el de mesa y 10 pesos para el Malvasía.


Tomás Márquez, otro hombre político, industrial y legislador bonaerense que hoy da nombre a una de las principales arterias del partido de San Isidro, era al mismo tiempo dueño de una propiedad de mil hectáreas que el catálogo de 1910 sitúa "en las inmediaciones del pueblo de Escobar". En este caso, se trataba de una explotación absolutamente mixta que incluía ganadería, fruticultura, cultivos generales (maíz, alfalfa, avena) y vitivinicultura, con un pequeño sector dedicado al tambo. Aquí, el primer dato interesante es que la uva "americana", "Isabella" o "chinche", como se la prefiera llamar, no estaba del todo mal considerada en aquel entonces. De esa variedad era toda la extensión del viñedo de Márquez, consistente en 30 hectáreas plantadas en 1895 con una densidad que, quizás por error de los autores, alcanza un valor asombroso: 30.000 plantas por hectárea. El relato pormenorizado nos habla de un cultivo "alambrado todo con cuatro hilos" y de un notable desarrollo de las cepas. La bodega, "modesta si se quiere", tenía una capacidad operativa de 160.000 litros y contaba con cubas de roble de 1.000 a 3.000 litros, así como secciones para la fermentación, conservación, filtro y rectificación con alambique. Sus productos, no obstante esa modestia y el hecho de ser vinos "chinches", gozaban de éxito en un amplio mercado que comprendía Baradero, Campana, Ramallo, Caseros y la misma Capital Federal, "donde cuenta con clientes arraigados",  capaces de pagar "no menos de 30 centavos el litro" por los caldos en cuestión. La presentación de la bodega termina con una breve reseña de su ilustre dueño, nacido en San Fernando, "que cuenta actualmente con 55 años de edad y goza de la totalidad de las simpatías vecinales".

                                                       CONTINUARÁ...

Notas:

(1) Artículo publicado en la revista El Conocedor # 58, Agosto de 2009.
(2) Esta firma era ampliamente reconocida en la época y aparece en otras reseñas sobre la industria del vino argentino, inlcuso como una referencia internacional. Una de ellas es el libro La Vigne en Argentine, del experto francés Louis Ravaz, editado en París en 1916.

3 comentarios:

  1. Tengo un macro de la "Cigarreria del Muelle" de la foto 3 que le va a interesar. No se como enviarsela ...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Estamos hablando de esta entrada? No tiene foto 3...

      Eliminar
  2. NO tengo idea porque mi comentario fue a para acá. Habia escrito sobre la primer foto de una cigarreria, en Paseo de Julio hoy Alem.

    ResponderEliminar