jueves, 21 de marzo de 2013

Merenderos de día, bailetines de noche

Aunque la mayoría de la gente asocia los orígenes del tango al sector sur de la ciudad de Buenos Aires (lo que es cierto, en parte), la historia de ese género musical tiene una estrecha relación con el Parque Tres de Febrero o, como todo el mundo los conoce mejor, con los Bosques de Palermo. Los primitivos bailongos se llevaban a cabo en algunos locales de esa zona tan frecuentada por ciclistas y caminantes durante el día como por malevos, compadritos y “patoteros” por la noche. En las últimas décadas del siglo XIX proliferaban por allí los reductos de rubro múltiple según la hora: respetables bares y restaurantes en horario diurno, que se convertían en tabernas, salones danzantes o prostíbulos al caer el sol. No eran extraños los casos policiales en tal ambiente, como el ocurrido con Fernando Ramayón, un joven estudiante de la alta sociedad porteña y buen bailarín de tangos, que fue muerto el 31 de enero de 1898 con la consecuente avalancha de noticias en los periódicos capitalinos. Por ejemplo, "El Diario" (10 de febrero) decía sobre la víctima: "ha caído ayer sobre el piso de una taberna, con la cabeza atravesada de un balazo, en el momento en que se disponía a cenar alegremente con algunos compañeros de correría nocturna" Un día después, el mismo medio reveló la identidad del prófugo homicida: Juan B. Passo (El Ñato Posse, según otras fuentes). El crimen había tenido lugar en los célebres Cuartos de Adela, nombre habitual dado a una especie de café, posada y  lupanar ubicado en Avenida Alvear y Acevedo. Y también agregaba: "se ha pretendido que los celos determinaron la agresión porque una mujer del comercio alegre acompañaba al que murió".
 

Independientemente de las noches bulliciosas y del oficio más antiguo del mundo, es necesario señalar que el ciclismo era furor en la época, y que el parque se constituía como uno de los lugares preferidos por sus aficionados practicantes. En ese orden de cosas, un típico local de actividades duales (con pista para velocípedos incluida) fue la Pista Ciclista y Restaurant Belvedere, origen del Club Italiano que comenzó como institución deportiva y estaba ubicado en Avenida Alvear 595. Otro, llamado directamente Velódromo, se situaba cerca de la avenida Figueroa Alcorta y Sarmiento. A pasos de allí, el mismísimo y legendario Café de Hansen (1) tenía también esa “doble personalidad” comercial, según la siguiente reseña de Enrique Puccia: a primera hora, desayuno para los niños que concurrían a Palermo. A media mañana, leche y yemas batidas para jinetes y ciclistas. Al atardecer merienda o aperitivo. Con el anochecer, comida. Después de las diez de la noche comenzaban a llegar, a pie o en coche (según sus posibilidades económicas), la pléyade de hombres adictos al tango”.
 
 
Otros recordables son El Kiosquito (chalet ubicado sobre la avenida Vicente Casares que aún existe, muy cerca del Jardín Japonés), el Armenonville (legendario salón bailable sobre Figueroa Alcorta que dio nombre a un célebre tango de Juan Maglio) y el  Pabellón de los Lagos, un émulo de los actuales predios de exposiciones en el que se realizaban no sólo bailes, sino también algunos de los banquetes más coquetos de la época. Se situaba dentro de un majestuoso edificio de estilo islámico con estructura de hierro y superficie vidriada, y su concurrencia podía darse el lujo de navegar en góndolas por un lago interno. Las dos fotos siguientes nos dan una idea de su opulencia y sus dimensiones. En la imagen del interior, del año 1904, señalé con flecha un cartel que reza Vinos del Trapiche (2). Aunque un poco más tardío, no podemos dejar de mencionar al Palais de Glace, otro ejemplar cuya edificación  todavía permanece en pie.


La mayoría de estos locales fueron cerrando sus puertas en las décadas de 1910 y 1920, conforme se acentuaba la parquización de la zona y se hacían más estrictas las reglamentaciones relativas al funcionamiento de los comercios del ramo. ¿Cuántas botellas de champagne o de Pernod se habrán consumido en esas mesas históricas, que fueron testigos del nacimiento de un género musical? Seguramente muchas, tal como ocurría en los miles de cafés y bares de la época. Recordar sus estampas es, justamente, uno de los objetivos de este blog.


Notas:

(1) En una entrada de febrero de 2012 analizamos el resultado de algunos descubrimientos arqueológicos en los terrenos del viejo café de Hansen. Muy pronto vamos a subir otra entrada referida a un inventario de comestibles, bebidas y tabacos realizado allí hacia 1890.
(2) La presencia del  letrero (sugiero hace click en la foto para ampliar) es sumamente testimonial de los comienzos de la industria nacional de vinos de calidad,  ya que en esos años la importación europea tenía pleno control del mercado. Fue recién hacia 1915, promediando la Primera Guerra Mundial, que las bodegas argentinas se lanzaron de lleno a producir vinos finos en una forzada sustitución de importaciones durante el conflicto bélico.

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