viernes, 1 de septiembre de 2017

Ambigú en el Oeste Santafecino

El Ferrocarril Oeste Santafecino (1) fue una empresa independiente de transporte ferroviario con capitales mayormente argentinos que existió entre 1883 y 1900. No obstante las modestas dimensiones del trazado (apenas 206 kilómetros), la historia le reconoce varias características singulares relacionadas con su carácter pionero en la entones agreste región del sur de Santa Fe, donde ayudó a formar y consolidar numerosas colonias agrícolas como Casilda, Firmat, Melincué, Chabás y Arequito, entre otras. Su impulsor y director fue el empresario español Carlos Casado del Alisal, pero el gerenciamiento local estuvo siempre a cargo del notable ingeniero Ignacio Firmat, quien luego daría nombre a la estación y el pueblo homónimos. Con la llegada del siglo XX no pudo evitar el fenómeno de concentración del negocio en manos de grandes empresas y fue vendido al poderoso Ferrocarril Central Argentino. A pesar de ello, su presencia en el pasado de los rieles nacionales es bien conocida y apreciada por aficionados y estudiosos del tema.


Un minucioso libro llamado El Ferrocarril Oeste Santafecino (2) abunda en detalles sobre los años primigenios del emprendimiento, su construcción, su llegada a las diferentes poblaciones y su influencia en la vida urbana de la ciudad de Rosario, que no fue menor. Más allá de lo estrictamente ferroviario, la obra muestra una sólida base documental gracias a infinidad de registros publicados en los diarios de la época (3), muchos de los cuales describen diferentes eventos relativos a festejos, inauguraciones, agasajos y demás ocasiones que brindan la oportunidad de revisar algunas costumbres gastronómica propias del período. Entre múltiples situaciones formales e informales elegimos al ambigú (4) para adornar el título de esta entrada por su vetusta sonoridad, varias veces mencionada en el trabajo. Pasemos entonces a este recorrido por circunstancias de la vida cotidiana y el intercambio social ocurridas hace poco menos de una centuria y media.


El 10 de septiembre de 1882 se realizó el acto público fundacional de inauguración de los trabajos en la primera sección entre Rosario y Casilda. Esa noche, la mesa principal del banquete fue descripta por las crónicas del siguiente modo: “la mesa formaba una herradura y estaba servida como sólo sabe hacerlo la Confitería Esteban. En el centro, es decir, en la curva de la herradura, veíase un ferrocarril en miniatura construido en azúcar con toda perfección (…) En cuanto a los platos que se sirvieron, vinos y servicio, sólo diremos que los primeros fueron exquisitos y el último irreprochable”. Algún tiempo después, con el tendido en funcionamiento, los pueblos comenzaron a crecer rápidamente. Quizás hoy pocos lo saben, pero Casilda  llegó a ser un sitio de recreo muy buscado por la población de Rosario durante los fines de semana. Famosa fue su  Gran Casa de Baños (equivalente al spa de nuestros días), que a sus espacios de salud y relax agregaba un “espléndido y fresco salón para el descanso y recreo de los bañistas, donde se sirven cerveza, hielo y refrescos”. Hacia 1886 el establecimiento estaba en su  cumbre y ya contaba con “una cancha del juego inglés Lawn Tennis”, así como también “aparatos de gimnasia y de fuerza”. El otrora salón había pasado a ser una confitería hecha y derecha, “donde se sirven toda clase de refrescos, bebidas y licores. Helados todos los días”.


Volviendo a los eventos organizados por la empresa del FCOS, el sábado 8 de noviembre de 1884 fue llevado a cabo un baile de festejo por el primer aniversario del servicio público de pasajeros. El mismo tuvo como sede el Club Social de Villa Casilda y los cronistas del diario El Independiente lo relataron así: “nuestro estómago, que es muy exigente, nos recordó que era hora de satisfacerlo (…) Comimos opíparamente y después de haber tomado una copa de oporto y fumado un rico cigarro habano, como a las diez, encaminamos nuestros pasos hacia el club. Penetramos en el salón, que estaba lujosamente arreglado y favorecido por innumerables y bellas señoritas  (…) A las doce de la noche el baile estaba en todo su esplendor. Pasamos al ambigú, que estaba espléndido y bien servido, y donde el caballero Lousteanau, presidente del club, atendía con la amabilidad que le es característica a los invitados”. En 1887, el FCOS encaró las obras necesarias para ampliar su red, que se bifurcó desde Casilda hacia las localidades de  Melincué y Cruz Alta (luego Juárez Celman). Cierto día domingo de ese mismo año, Carlos Casado y el ingeniero Firmat invitaron a un grupo de periodistas a un paseo por la zona de obras. Luego de visitar la nueva estación Arequito, el grupo regresó a Casilda. Según el relato periodístico, “eran entonces las cuatro de la tarde, hora impropia para entregarse a los placeres de la bucólica. Sin embargo, todos los comensales fueron unos verdaderos héroes. Los pavos, gallinas, fiambres surtidos, lechones, etc., fueron atacados con notable energía y pronto derrotados. Sobresalió el vino Pontet Canet y el champagne marca Cometa, no siendo despreciable el oporto y demás vinos. El hotel San Carlos, del señor Dresse, ha demostrado estar bien surtido de estos elementos indispensables”. A fines de ese año, la llegada de los rieles a San José de la Esquina fue motivo de otro gran festejo con baile incluido. “Al fondo del salón se había formado una hermosa glorieta, donde se preparó el ambigú con abundantes dulces, masas, oporto, jerez, cerveza, etc.”, apuntó luego un reporter de la zona.


El adelanto que significaba el ferrocarril en esos tiempos era además excusa para la creación de marcas comerciales. Cierto anuncio propalaba el “GRAN TONICO OESTE SANTAFECINO, cuyo uso se recomienda por sus saludables efectos. Elavorado (sic) en la Licorería Nacional de Villa Casilda por el afamado don Pedro Calatroni, premiado con siete medallas en varias exposiciones”. Muy importante fue la estación terminal Rosario, un destacado edificio sito en el actual Parque Urquiza (5). En diciembre de 1884 comenzó a funcionar su servicio gastronómico y el diario El Independiente lo recogió así: “BUFFET DEL O.S. Los viajeros y las personas que en adelante pasen por la estación del Ferrocarril Oeste Santafecino tendrán desde hoy la ventaja de poder refrescarse en la exelente (sic) cantina o buffet que acaba de establecer allí don Ricardo Berdaguer. Está surtida de bebidas de primera clase, confitería, etc.” Terminamos con otro anuncio, esta vez referido a un comercio cercano que también tomó el nombre de la empresa ferroviaria por su resonancia positiva y progresista: “FONDA DEL FERROCARRIL OESTE SANTAFECINO / CALLE 9 DE JULIO. Se avisa al respetable público que en dicho establecimiento encontrarán un variado surtido de refrescos y fiambres, vinos finos y otras cosas concernientes al ramo. La casa cuenta con esmerado servicio con todas comodidades. Nota: todos los domingos encontrarán ravioles para los señores que deseen comerlos a la sombra de un buen parral”. Y finaliza con la rúbrica “Paganini y Giardini”.


Notas:

(1) Aunque hoy se acostumbra utilizar el gentilicio santafesino (con s), preferimos respetar la denominación oficial que ostentó el ferrocarril de marras durante toda su historia.


(2) Carlos Alberto Fernández Priotti, 2006.
(3) Especialmente El Independiente y La Capital, editados en la urbe rosarina.
(4) Mesa dispuesta con platos fríos y calientes al estilo del lunch o del buffet.
(5) Todo el complejo se desafectó en 1900, cuando el FCOS fue vendido al FCCA, que tenía su propia terminal. Durante varias décadas funcionó como estación de cargas y finalmente quedó abandonada. Hacia el año 2000 la estructura del edificio vacío subsistía en muy mal estado, pero afortunadamente fue recuperado para fines de utilidad pública y hoy luce su viejo esplendor en medio de una bonita y bastante cuidada parquización. Un final urbanístico feliz, de esos que no abundan.


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